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Puchi, el patagón que compitió a la par con la industria salmonera noruega

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Llegó al negocio por casualidad y a finales de las 80 creó junto a sus hermanos y la familia Fischer, AquaChile –la mayor salmonera de capitales chilenos y quinta en el mundo- que en los próximos meses será adquirida por Agrosuper, por US$ 850 millones.

Con 66 años, Víctor Hugo Puchi ha marcado un precedente en la historia salmonera del país. Esto porque luego de ser uno de los pioneros de la industria en Chile, y tener el control junto a la familia Fischer de AquaChile -la mayor salmonera de capitales chilenos-, el también presidente de la empresa, ayer sorprendió al mercado al anunciar la venta de la propiedad a Agrosuper, por US$ 850 millones.

Puchi nació en Coyhaique y creció en los campos de la región de Aysén. Estudió en una escuela rural, hasta que pasó a un colegio de curas italianos. Cuando estaba en quinto de humanidades -tercero medio- logró una beca para estudiar en Estados Unidos. “Nunca había salido de Aysén. Era un huaso total. Fui y fue un shock cultural y un estrés enorme, que me permitió tomar oportunidades a futuro”, recordó el propio Puchi, hace un par de años en un foro con jóvenes.

Al regreso, estudió Economía en la Universidad Católica, “que era como de elite, por lo que seguí siendo un bicho raro (…). Como fui un buen alumno, un profesor al que le hice ayudantía me contactó con el grupo BHC y tuve la oportunidad de trabajar en las grandes empresas. Años después, ya casado y con dos hijos, el entonces jefe del grupo Rolf Lüders me dijo que si quería ser alguien en el grupo debía hacer un posgrado. Y partí a Chicago”, dijo, agregando que su retorno fue hacia 1983, cuando había estallado la crisis financiera en el país. “Trabajé en las negociaciones con los bancos, fue mi primer encuentro con las dificultades del mundo empresarial”, recordó el empresario.

Cuando terminaron las negociaciones, partió con los salmones. Fue así como en 1988, ingresó al negocio “por una casualidad”. Según ha contado el empresario, al visitar a un hermano en Puerto Montt, que había trabajado en los salmones, vio un potencial. Logró convencer a su hermano, vendió su auto e hipotecó todo lo que tenían. Lograron US$ 60 mil y los bancos les prestaron US$ 200 mil. “En 1991, trabajaba en Quiñenco y quise seguir part-time. Como no me lo permitieron, me fui a trabajar de lleno en los salmones. No me he arrepentido”, ha comentado el ejecutivo.

Su círculo cercano lo define como un hombre “sencillo, conversador y buen contador de historias”, además de ser un defensor de la naturaleza. Tanto así, que no tuvo pelos en la lengua a la hora de decir que estaba en contra de HidroAysén y presentarse públicamente como un acérrimo opositor al proyecto. Y no sólo eso, junto a Douglas Tompkins, fue uno de los financistas locales del movimiento Patagonia sin Represas

Entre sus declaraciones, aseguró que el proyecto era invasivo, que ameritaba una discusión mucho más amplia y un análisis más objetivo. “Para mí, ojalá que se postergue y que nunca se haga. Y si alguna vez se hace, que se haga con un respeto a lo que es nuestra región”, dijo en 2009.

Fue así, como hace tres años, que en una entrevista a la revista Capital, reconoció que “tengo una deuda con Aysén. Defendí con fuerza la región en contra HidroAysén por la belleza del paisaje que estaba en juego y quiero demostrar que lo mío no fue un discurso vacío. Con mi familia haremos algo que, no siendo muy rentable, será un aporte a preservar la cultura de la región”.

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